Curriculum
Curriculum
La pintura de Ana María puede dividirse en cuatro grandes épocas:

Inspirada con el arte maya y el arte colonial, Ana María, inicia la búsqueda de un estilo propio para expresar su mensaje: Paz espiritual y alegría de vivir. En esta época, Ana María evoluciona rápidamente, pinta paisajes regionales, campos de flores, escenas costumbristas con ideas arquitectónicas; todo ejecutado con gran precisión.

Durante este período, Ana María busca evolucionar con otros conceptos y pinta obras en la que siempre aparecen muros, con lo que expresa las dificultades técnicas que necesita superar. En esta época pinta muchos animales, especialmente abejas, que simbolizan el arduo trabajo necesario para el éxito.

En este periodo, Ana María se despoja de su primitivismo casual y se adentra a la creación de formas armoniosas y sofisticadas. Sus composiciones son una mezcla de elementos de gran realidad con flores de raro esplendor, frutas y volcanes en erupción. De este periodo se publica un libro en conjunto con obras de la poetisa salvadoreña Claudia Lars (Carmen Brannon).

Desde el comienzo de los años 90's, Ana María, ha estado desarrollando una técnica novedosa, utilizando colores acrílicos, medios y ceras, con lo que logra pintar esas imagenes de una gran transparencia y asi mismo conseguir ese acabado tan particular.

En sus pinturas de teatros, bodegones muy modernos y otras composiciones, Ana María desea expresar la abundancia del mundo en que vivimos a fines del milenio: El crecimiento de la población, el tráfico, la alta producción, las luces, el sonido y las demás cosas que nos afectan en lo cotidiano de nuestra vida. Por este motivo, a veces, algunas de sus composiciones casi llegan a las fronteras de la opulencia, aunque estas conservan siempre elegancia y armonía. Ya en la observación serena de sus pinturas, podemos descubrir que estas pertenecen a un período de ideas relacionadas con la metafísica y que contienen una dosis de simbolismo.

Al observar de cerca las naranjas que pinta Ana María, descubrimos que son una creación surrealista, una composición razonada hecha a base de manchas, puntos, luces y sombras; A medida que nos retiramos y volvemos a observar, es cuando entramos al mundo del hiperrealismo mágico de Ana María, una realidad que sólo existe en su imaginación que nos entrega de manera elegante, mostrándonos además su profundo conocimiento y manejo del claroscuro. Cosa similar sucede cuando vemos sus "uvas", si las observamos con sólo un ojo, es decir cubriendo el otro con una mano o cerrándolo, veremos nuevamente ese mundo mágico y se nos presentan estas uvas en tres dimensiones, con todo su esplendor y así, en cada cuadro, podemos descubrir algo importante
.